A Letter from the Executive Director / Una carta de la Directora Ejecutiva

(Spanish translation to follow/traducción en español abajo)

 

Over three months ago when COVID-19 abruptly entered our reality, here at the Farm Hub we realized two things: that more food would be needed this year, and that neither the nature around us nor the crops we were planting would care about a state-wide shutdown and its timetable. The essential work of agriculture would continue, and like all farms, we would have to adapt quickly to make sure that it did. On March 13th we sent almost a third of the Farm Hub’s staff home to work remotely, while our farm manager and on-site staff went to work rearranging almost everything we do on the farm.

At first, it was reductive, a kind of sudden hard turn inward: “No guests on the farm!”, “No collaborators until Phase Two!” No gatherings, no workshops, no sharing (of equipment, pick-up trucks, tools, hallways, copiers, hugs, …food!). Next, it was additive, but not in a “plus” kind of way: wipes and disinfectants, gloves and masks, temperature checks, and cleaning protocols posted in English and Spanish. Seemingly more rules and more gear were piled on every day, and with them more worry.

But soon came the other, amazing “mores.” There were more greens growing in the greenhouses and more vegetables added to the plantings in the field. More Zoom calls between program managers, farms, and food pantries working on deliveries, more boxes of produce leaving the farm for donation, and more calls for language interpretation through community organizers. More hope. More pride. Pride in our team and in the many people we saw operating much closer than we were to the front lines, often with greatly limited resources.

These really are difficult times, with personal and professional challenges that none of us could have expected in our wildest dreams. All over the country, including here in the Hudson Valley, we have seen the consequences of deep societal inadequacies magnified, the damages and rewards having been disproportionally distributed along racial and economic lines for generations. Food insecurity, long identified as a problem and exacerbated by COVID-19, exposes some of the forces at the root of these inadequacies. The murders of George Floyd and others, and the grief and the calls to action surrounding the Black Lives Matter movement, dare us to take more time to face important questions at the Farm Hub, both in regard to our own community and the outside world. We don’t have a roadmap for this. We are, however, committed to figuring it out together, and I feel cautiously optimistic that the foundational work we have done in the past to build trust and an atmosphere conducive to dialogue within our organization will serve us well as a point of entry.

As we head into the heart of the growing season, we are taking our first steps towards this dialogue via small groups of staff. And, with COVID-19 a moving target and with various stages of reopening taking place, we are constantly rearranging the workplace. Like everyone, we are trying mightily to plan intelligently for the unexpected come fall.

In the meantime, this summer we are excited to begin construction on two new important farm buildings, our granary and our machine shop, both of which will significantly enhance our ability to grow, store, and distribute food in partnership with nature. With construction on-site, the Farm Hub’s home-base will no doubt get messier, and even uglier, before improvements are visible. And so it is with the world. Let’s continue, wherever we are and however things stand, to see the beauty emerging from the disruption.

Brooke Pickering-Cole

 


 

 

Cuando el COVID-19 irrumpió abruptamente en nuestra realidad hace tres meses, aquí en Farm Hub nos dimos cuenta de dos cosas: que se iban a necesitar más alimentos este año y que ni a la naturaleza a nuestro alrededor ni a los cultivos que estábamos sembrando les iba importar un cierre estatal y su cronograma correspondiente. El trabajo esencial de la agricultura continuaría, y como todas las granjas, tendríamos que adaptarnos rápidamente para asegurarnos de que así fuera. El 13 de marzo mandamos a la casa a casi un tercio del personal de Farm Hub para trabajar a distancia, mientras tanto, nuestro gerente general de la granja y el personal presencial se pusieron a trabajar reestructurando casi todo lo que hacemos en la granja. 

Al principio fue reductivo, un tipo de giro brusco y repentino hacia dentro: “¡Prohibido las visitas en la granja!”, “¡Cero colaboradores hasta la fase dos!”. Cero reuniones, cero talleres, nada de compartir (equipos, camionetas, herramientas, pasillos, fotocopiadoras, abrazos, …¡comida!). Luego, fue aditivo, pero no como “ventaja”: toallitas y desinfectantes, guantes y máscaras, revisiones de temperatura y protocolos de limpieza publicados en inglés y español. De repente más reglas y más equipos se fueron apilando todos los días y junto a esas cosas más preocupaciones.

Pero pronto llegaron los otros maravillosos “más”. Había más verduras de hoja creciendo en los invernaderos y se añadieron más vegetales a los plantíos de las parcelas. Hubo más llamadas por Zoom entre los gerentes de los programas, las granjas y los bancos de alimentos que trabajan con las entregas. Hay más cajas de productos agrícolas que salen de la granja para ser donadas y más pedidos de interpretación de idiomas a través de organizadores comunitarios. Más esperanza. Más orgullo. Orgullo por nuestro equipo y las muchas personas que trabajan mucho más cerca de las líneas del frente que nosotros, usualmente, con recursos muy limitados.

Estos son tiempos realmente difíciles, con retos personales y profesionales que ninguno de nosotros pudo prever ni siquiera en nuestras peores pesadillas. En todo el país, incluso aquí en el valle del Hudson, hemos visto magnificadas las consecuencias de las profundas deficiencias sociales, de que los perjuicios y las recompensas hayan sido distribuidas desproporcionalmente a lo largo de líneas raciales y económicas durante generaciones. La inseguridad alimentaria, que se identificó hace mucho tiempo como un problema y que fue exacerbada por el COVID-19, expone algunas de las fuerzas que yacen a la raíz de estas insuficiencias. Los asesinatos de George Floyd y otras personas, así como el dolor y los llamados a la acción alrededor del movimiento Black Lives Matter, nos retan a dedicar más tiempo a encarar cuestionamientos importantes en Farm Hub, tanto con respecto a nuestra propia comunidad como con respecto al mundo exterior. No tenemos una guía para esto. Sin embargo, estamos comprometidos a resolverlo juntos, y me siento cautelosamente optimista de que el trabajo fundacional que hemos hecho en el pasado para desarrollar la confianza y una atmósfera conducente al diálogo dentro de nuestra organización nos servirá bien como punto de partida. 

Mientras nos adentramos al corazón de la temporada de cultivo, damos nuestros primeros pasos hacia este diálogo entre pequeños grupos del personal. Y como el COVID-19 es tan escurridizo y hay varias etapas de reapertura llevándose a cabo, estamos constantemente reestructurando el lugar de trabajo. Como todos, ponemos mucho empeño en intentar planificar de forma inteligente para lo que pueda surgir de imprevisto cuando llegue el otoño. 

Por el momento, este verano, estamos entusiasmados por el inicio de la construcción de dos edificios importantes en la granja, nuestro granero y nuestro taller de máquinas, los cuales aumentarán significativamente nuestra capacidad para cultivar, almacenar y distribuir alimentos en colaboración con la naturaleza. Debido a las obras de construcción, la sede de Farm Hub, sin lugar a dudas, estará más desordenada y hasta más fea antes de que las mejoras puedan ser visibles. Así mismo es con el mundo. Continuemos, donde sea que estemos y como sea que estén las cosas, para ver la belleza emerger del desconcierto. 

Brooke Pickering-Cole